El pasado
26 de octubre se produjo un fuerte terremoto de 7.5 de magnitud en la escala Ritcher
en el noreste de Afganistán, cerca de la frontera con Pakistán y Tajikistán.
A pesar de
su gran magnitud, las victima fueron tan solo unas 300, muchas menos de las que
cabría esperar en una zona con pocos medios económicos con los que construir
mejor las infraestructuras. Seguramente, la clave de tan pocas víctimas, fue la
profundidad del hipocentro, situado a unos 200 km de profundidad. Hay que
recordar que los terremotos pueden producirse hasta los 600 km de profundidad y
que cuanta más sea esta, los efectos sobre las edificaciones, son menores, pues
las ondas llegan ya atenuadas a la superficie terrestre.
Así, pues,
una buena noticia, dentro de la desgracia que ha supuesto.

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